La realidad se ha evaporado por obra y gracia de la
publicidad. En su lugar, se abre paso una hiperrealidad mucho más
espectacular. Contra este “nuevo orden” actúan activistas
y artistas urbanos, que mediante acciones de guerrilla tratan de frenar
estos procesos.
El Culture
Jamming surgió en los años 80 como
un movimiento de resistencia cultural frente a la comercialización
de la sociedad, mediante acciones de guerrilla. El artículo Culture
Jamming: Hacking, Slashing and Sniping in the Empire of Signs, que Mark
Dery publicó en 1999, es considerado
su manifiesto fundacional.
El Culture Jamming trata de instalarse en los medios de masas de manera
clandestina, produciendo mensajes críticos basados en los mismos
sistemas de signos y códigos que emplean los propios medios. De
este modo, si la publicidad es el lenguaje con el que se expresa la cultura
popular, el Culture Jamming se apropia de sus recursos para reformularlos
y devolverlos a la sociedad en forma de mensajes subversivos.
En este proceso, la unidad básica de comunicación es el
meme,
un condensado de imagen, palabra o música fácilmente
reconocible y transmisible de manera viral. Así, el sabotaje
cultural utiliza memes comerciales que nos son tan familiares como el logo de
Nike o el “happy meal” de
McDonald’s, para conseguir que los consumidores se replanteen sus
hábitos de consumo.
Según Kalle
Lasn, el mejor sabotaje cultural es el que introduce
el meta-meme, un mensaje a dos niveles que se dirige a una imagen comercial
específica, pero de una forma que pone en cuestión y desafía
la cultura de dominación empresarial.
Algunos teóricos del Culture Jamming plantean que esta interferencia
mediática es una manera democrática de ejercer los derechos
de los ciudadanos, recuperando así el espacio que usurpan las
marcas.
Cualquier acto que distorsione la onda expansiva de la cultura
popular puede considerarse Culture Jamming: la intrusión mediática
(media hacking), el terrorismo artístico (terror-art), las acciones
de guerrilla cultural, las parodias publicitarias, el happening….
A pesar de que nada de esto es nuevo, ya que bebe de fuentes como el
dadaísmo o el détournement de los situacionistas, hoy
está en pleno auge gracias a Internet. La Web es el medio natural
de este tipo de acciones, que la emplean como un nuevo espacio social
desde el que transmitir sus acciones.
Unos de los representantes más influyentes de este tipo de movimientos
son los canadienses Adbusters.
Se definen como una red de activistas, escritores, parodiadores, estudiantes
y empresarios que quieren impulsar
un nuevo movimiento social contra los medios de comunicación.
Adbusters invitan a los usuarios a publicar sus trabajos, carteles
políticos
o acciones subversivas. Además, practican las
billboard
modifications, el Google
bombing, los flash
mobs, hoax…
Por ejemplo, en 2004 vendieron, con una cuidada campaña de marketing,
25.000 pares de zapatillas con la imagen de Nike, pero hechas de cáñamo
y neumáticos reutilizados.
The Yes
Men es otro grupo de activistas que practican la "corrección
de identidad". Suplantan la personalidad de poderosos para aparecer
en los medios de comunicación y lanzar comentarios denigrantes
sobre trabajadores y consumidores. Con ello, tratan de mostrar cómo,
en vez de causar sorpresa o enojo, sus provocaciones son recibidas
positivamente por la audiencia. Han pretendido ser portavoces de organizaciones
tales como la OMC,
McDonald's y Dow
Chemical Company, entre otras.
Church
of the Subgenius se describe
a sí misma como una organización para gente que se
considera fuera de la corriente dominante y que en realidad se burla
de la religión y su descarado afán recaudatorio.
También,
Church
of Stop Shopping y Discordianism son
otras modernas y subversivas religiones que utilizan la parodia para
criticar el consumo y la
religión.
La Cacophony
Society está formada por terroristas culturales
que se dedican a organizar eventos transgresores como el llamado
Santa
Rampage, donde miles de personas disfrazadas de Santa
Claus se emborrachan en público.
Uno de los más conocidos
integrantes de esta sociedad es Chuck
Palahniuk, autor de El Club
de la Lucha.
El Shopdropping consiste en manipular los productos del supermercado,
introduciendo entre ellos sus creaciones artísticas para después
devolverlos a las estanterías. No se busca tanto una forma
de autopromoción como una crítica del sistema. Uno
de sus más afamados representantes es Banksy.
Para ello utilizan técnicas como el FloodNet, una forma de net
art en la que muchos usuarios se conectan simultáneamente a
una web para bloquearla, o el fax jam, que hace lo mismo mediante el
envío de faxes, y los phone zappings, a través de llamadas
de teléfono.
WTO/GATT es un sistema que apoya el sabotaje inteligente de materiales
producidos y distribuidos masivamente. Una de sus acciones consistió en
cambiar las voces de Barbie y G.I. Joe para que fueran las muñecas
las que amenazaran y retaran al consumidor, mientras que los muñecos
expresaban su deseo de ser madre.
Dowethics es un grupo que ha suplantado la web de Dow
Chemical Company para acusarles de todo tipo de fechorías con el medio ambiente
y responsabilizarles del accidente de Bhopal. También en G.W.
Bush 0.4 suplantan la web oficial del presidente Bush.
Cars
Suck reivindica el derecho de
los peatones a disfrutar de las calles sin coches. Algunas de sus
acciones consisten en siluetear los lugares donde han sido atropellados
peatones y analizar las causas de los accidentes de tráfico.
Space Hijackers se reconocen como un grupo de “anarquitectos” secuestradores
de espacios públicos que se oponen a la jerarquía que
imponen los arquitectos, los planificadores y los propietarios en
los espacios públicos.
En Francia, destacan Resistance à l’Agression
Publicitaire y la Brigada
Anti Pub, ambas con bastante influencia. Las dos se
oponen al ingreso de la publicidad en las escuelas con una campaña
nacional, llamada "una escuela sin marcas". En 2005, invitaron
a los ciudadanos a conservar preciosamente la publicidad que les
llegaba a casa para después, todos juntos, ponerla de vuelta
en el correo central.
Alemania también tiene movimientos de este tipo. El más
conocido es LB/a.f.r.i.k.a.
Gruppe, que no es un grupo ni un movimiento
organizado, sino un “pop star” colectivo. Todos los activistas
del grupo tienen el mismo nombre, Luther Blissett. No suelen atacar al
sistema directamente sino que trabajan dentro de los mass-media produciendo
noticias falsas, leyendas urbanas e intentando cortocircuitar sus contradicciones
internas.
El Memefest es un macrofestival de producciones audiovisuales críticas
con la incitación al gasto compulsivo que se celebra todos los
años en Eslovenia.
La forma de sabotaje cultural más extendida
es el subvertising o contrapublicidad. Básicamente, consiste
en utilizar la expresividad de los textos y las imágenes
publicitarias para subvertirlos y producir interferencias semánticas.
Tiene sus antecedentes en la cultura pop de los años 50
y 60, que empleaban como forma de expresión la descontextualización,
la incongruencia, la provocación y el humor.
Podría definirse como: “La pintada en la pared,
la pegatina en la farola, la frase modificada de una valla publicitaria,
la camiseta-parodia ... La clave está en la redefinición
y reconquista de nuestro entorno arrancándolo de las manos
de las grandes empresas.”
En general, la contrapublicidad imita la imagen y el significado
del anuncio, provocando un shock visual en el espectador/consumidor.
El subvertising lucha contra la hegemonía de las marcas
y el consumo que establecen las jerarquías de prioridad
de la atención colectiva.
Un tipo especial de contrapublicidad es el que realizan los snipers,
francotiradores semióticos que practican el bandidaje publicitario.
Su objetivo es cambiar, corregir o aclarar los mensajes de la publicidad.
Para ello, usan paredes o fachadas que intervienen mediante graffiti
y otras técnicas. La mayoría de las acciones de snipers
representan una invasión del espacio privado.
Con humor, ingenio y tergiversaciones sutiles consiguen sus objetivos.
En general, los insultos y las consignas planas carecen de especial fuerza
subversiva.
Una de las técnicas que utilizan es el “hitlerizing”,
que consiste en algo tan básico como pintar un bigote como el de
Hitler en las caras de los carteles, sobre todo durante las campañas
electorales.
Otros actos “sniper” consisten en añadir granos
a los rostros de las modelos publicitarias para que su belleza se vuelva más “natural”.
Como representante destacado de
este tipo de activismo destaca The
Billboard Liberation Front, que cuestiona el uso exclusivo
de los soportes publicitarios por las marcas y reclama su utilización
pública.
También California
Department of Corrections busca la subversión
en las vallas publicitarias. Para ello, propone una gestión
eficiente y eficaz de la publicidad a fin de incluir la atención,
el tratamiento, la disciplina, la formación y el empleo. En
Filadelfia actúa un grupo similar llamado SCRUB.
B.U.G.A.U.P. es un grupo australiano que se vale del graffiti para
atacar las vallas publicitarias que muestran publicidad de tabaco
y alcohol. Por su parte, The
Buble Proyect propone que, mediante
la colocación de pegatinas en blanco sobre los anuncios, el
monólogo impuesto por los anunciantes se transforme en un
diálogo en el que todos puedan opinar.
Pero el acto de subvertir los espacios públicos no tiene por
qué ser practicado sólo por colectivos artísticos
y activistas. La organización eco-action da todo tipo de explicaciones
y posibilidades para que cualquiera pueda aficionarse a esta práctica.
También en Web
Urbanist se encuentran algunas recetas de cómo
librarnos nosotros mismos de la publicidad molesta tanto en la web,
con AddArt y Adblock, como en el entorno real. Freewayblogger, muy
centrada en reivindicaciones políticas, muestra paso a paso
cómo hacer sus propios y modestos carteles de protesta.
Mención especial merece la apropiación de lugares públicos,
por puro amor al arte, sin tener por qué llevar implícito
un activismo político o anticonsumo. Aún así,
los resultados no son siempre fáciles de diferenciar de los
del Culture Jamming.
En general, el arte urbano busca la recuperación del espacio
usurpado por las empresas y la publicidad. Una de sus formas de expresión
favorita es el graffiti y su evolución al postering, stickering,
stensiling… Se trata de un tipo de arte inmerso en la era de
la reproducción técnica de la que habló Walter
Benjamin, que trata de convertir las calles en el espacio donde los
artistas ejercen su particular secuestro del lenguaje publicitario.
Internet se ha convertido en una extensión de la calle para
estos artistas. De un extremo a otro del mundo, intercambian opiniones
e incluso juegan al llamado Bomb
the World, en el cual un yo virtual
puede pintar trenes y observarlos a miles de kilómetros de distancia.
Hay tantos artistas
que practican esta disciplina que es imposible enumerarlos, pero
entre los más conocidos por su talento o por su capacidad
reivindicativa no se puede dejar de mencionar a:
Banksy, el artista urbano más conocido y cotizado en la
actualidad. Sus obras son de carácter anárquico y provocador,
con gran carga de humor. Utiliza imágenes populares, muchas
veces de la propia historia del arte, que manipula para darle un
sentido contrario al original. Sus creaciones han alcanzado cifras
astronómicas en subastas y los ayuntamientos empiezan a conservar
y restaurar sus obras.
Zevs, que ha popularizado los graffiti limpios, en los que en vez
de pintura utiliza agua a presión que aplica en superficies
muy sucias. Actualmente trabaja una serie llamada Liquidated
Logos.
Ron English, un artista que libera vallas con sus propios mensajes.
Ha actuado contra Joe Camel, McDonalds y Disney. Es considerado el
padre del agit-pop.
The
Decapitator, que retoca anuncios sustituyendo las cabezas por
sangrientos muñones. El retoque tiene tanta calidad que las
imágenes finales no parecen intervenidas.
Docteur
Gecko modifica anuncios con pintura sensible a la luz artificial
de manera que al iluminarnos deja ver macabros personajes.
Hay que mencionar también a The Splasther, un crítico que
ha cubierto de salpicaduras de pintura las más importantes obras
de street art que ha encontrado entre Williamsburg y Soho. También
Street Art Blows critica a los artistas urbanos que no hacen graffiti y
se dedican a pegar reproducciones en serie por las paredes.
En España, tenemos intervenciones de gran calidad realizadas por
los artistas Sam3, Noaz y Spy.
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