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Los grandes buscadores son
los amos de la Red. Lideran todos los rankings y su influencia se extiende
mucho más allá de su capacidad para encontrar información.
Se han convertido en auténticas plataformas mediáticas,
enormes centros de poder sin los que no puede entenderse la evolución
de la sociedad digital.
Sin embargo, a la hora de la verdad, los buscadores genéricos ofrecen
un enorme volumen de información no siempre demasiado relevante. Si de
verdad necesitas búsquedas de calidad, hay opciones mucho más recomendables
que la simple consulta a Google.
Hablemos un poco acerca de ellas.

El liderazgo de los grandes buscadores parece indiscutible. Puede que
a medio plazo aparezcan nuevas plataformas capaces de competir con Google
o Yahoo (¿qué tal MySpace o Baidu?
El buscador chino ya figura en el puesto 7 del ranking mundial), pero
por el momento, nadie está en disposición de medirse con
ellos. Además, su hiperactiva política de adquisiciones,
los sitúa en el centro de todo lo que se cuece en Internet. Si
algo cambia en la Red, ellos están allí.
Si no existes en estos buscadores, simplemente no existes. La obsesión
por estar bien posicionado en estos buscadores ha favorecido la proliferación
de empresas SEO (Search Engine Optimization), que mediante métodos más
o menos éticos y más o menos eficaces ofrecen aparecer en los primeros
puestos.
Sin embargo, en la práctica no se puede hacer demasiado para conseguirlo.
Los grandes buscadores como Google, Yahoo!, Altavista, Windows
Live o Ask y
las infinitas variantes desarrolladas a partir de sus motores de búsqueda,
son aplicaciones que rastrean la red indexando información en sus enormes
bases de datos. Para ello se valen de un software específico, los llamados robots o
spiders, que recopilan información sobre los contenidos, la estructura
y las palabras clave de las webs que encuentran a su paso.
Los principales motores de búsqueda cuentan con robots propios (como Googlebot y Msnbot)
que rastrean la información según diferentes criterios. Éstos
pueden atraer visitas a un sitio, pero también pueden colapsarlo a través
de su insistente búsqueda de datos. De hecho, una medida SEO básica
para preservar la privacidad de nuestros contenidos, consiste en crear un archivo,
robot.txt, que indique a los robots qué partes de nuestro sitio pueden
explorar y cuáles les están vedadas.
Al hacer una consulta en uno de estos buscadores, la aplicación revisa
las bases de datos creadas con la información recopilada por los robots
y, en función de ella, genera automáticamente un listado de resultados.
En este listado, los enlaces aparecen ordenados según el nivel de relevancia
otorgado a cada sitio por los algoritmos propios de cada buscador. Éstos
valoran aspectos como el tráfico, la cantidad y calidad de los links dirigidos
al sitio y hasta 200 variables más. Los algoritmos constituyen el alma
del buscador y lógicamente son secretos. Además, están sometidos
a continuos cambios que
tratan de mejorar la calidad de sus criterios de relevancia y, de paso, despistar
a los listillos. Al fin y al cabo, de su fiabilidad e independencia depende el
prestigio del buscador.
El resultado de este proceso es una enorme cantidad de información que,
como es bien sabido, resulta imposible gestionar. Cualquier búsqueda genera
cientos de miles de resultados, lo que en la práctica supone que el usuario
consultará como mucho los 10 ó 20 primeros enlaces. De este modo,
el inmenso volumen de información suministrado por el sistema, no implica
necesariamente resultados más precisos. Los grandes buscadores genéricos
y sus sofisticados algoritmos se convierten así en herramientas menos
precisas de lo que a simple vista podría esperarse.
Buscadores
Verticales

Para solucionar este problema surgen los buscadores
verticales o temáticos. Buscadores especializados
en sectores específicos y que por tanto ofrecen menos resultados,
pero más precisos. Los robots de los buscadores verticales
rastrean únicamente sitios con contenidos relacionados con
un tema concreto, lo que además de favorecer búsquedas
más eficaces, les permite rastrearlos con más frecuencia
y en consecuencia, ofrecer datos más actualizados.
Además, estos buscadores, pueden incluir en su interfaz recursos y herramientas
acordes a las necesidades del sector específico que tratan, lo que en
ocasiones puede ser de gran utilidad (por ejemplo, en el caso de los buscadores
de imágenes o de vídeos, como el popular Youtube).
Ejemplos de este tipo de aplicaciones son los buscadores de blogs, como el remozado Technorati,
su rival Google
Blog Search, Icerocket o
el español Agregax,
los mencionados buscadores de vídeos o los buscadores de imágenes
como Picsearch, Pikeo o
el imprescindible Flickr,
por citar únicamente algunos de los más conocidos. También
sitios como Shoomo, Kelkoo, Twenga y Gooster,
dedicados a comparar precios, son considerados buscadores especializados. Incluso
los agregadores de contenidos como Bloglines, Rojo, Feedburner o Netvites,
que a través de la sindicación a una serie de sitios seleccionados
por el usuario, permiten acceder a sus contenidos sin necesidad de visitar cada
uno de ellos, plantean un modelo de búsqueda vertical, dotada de una importante
componente social.

En realidad, hay tantos buscadores verticales que empiezan a proliferar los “buscadores
de buscadores”, como el español Buscopio,
que tratan de poner orden entre tanta variedad.
La influencia de estos nuevos buscadores no se limita a su capacidad para ofrecernos
información. En algunos sectores, como el turístico, los buscadores
verticales se han convertido en herramientas capaces de imponer nuevas formas
de consumo. Este es el caso de buscadores de viajes como Kayak, Mobissimo, eDreams, Vueling o
de buscadores de vuelos como Cheapflight, SideStep, Farecast, Skyscanner o
el español Trabber,
tremendamente populares y responsables de una auténtica transformación
del sector.
El propio Google parece haber tomado conciencia de la necesidad de ofrecer búsquedas
más especializadas y ha lanzado Google
Custom Search Engine y Google
Co-op, aplicaciones que permiten integrar y construir buscadores
personalizados a partir del motor de Google. En el caso de Google Co-op, además
de escoger las url’s en que se desea buscar información, se incluyen herramientas
colaborativas, que permiten ajustar los criterios de selección
a través de la “inteligencia colectiva” de los usuarios. Todo
muy, muy 2.0.
El
hombre contra la máquina
Llegados a este punto, los
buscadores se han convertido en herramientas demasiado valiosas como para dejarlas
en
manos de robots y algoritmos. Además, es evidente que a fecha de hoy
ningún buscador puede competir con la capacidad de selección
y análisis semántico de un especialista “humano” (aunque
quizás no del tipo de Ms.
Dewey). De hecho, todo apunta a que el futuro de los buscadores
pasa por combinar la búsqueda automática y la basada en criterios
humanos.
En el caso de los buscadores verticales, cuando tratan temáticas muy especializadas,
tan sólo la selección humana puede dotar de sentido a la información.
En estos casos, las tecnologías de búsqueda automatizada suelen
complementarse con el criterio de los usuarios que clasifican la información
mediante tags.
Desde otro enfoque, pero también buscando la integración de las
búsquedas automáticas y las humanas, están apareciendo nuevos
buscadores que intentan arañar a Google parte de su cuota de mercado. Éste
es el caso de Mahalo,
un buscador cuyos resultados se redactan manualmente por un equipo de 40 editores
especializados. Estos “nuevos mártires de la información” seleccionan
las consultas más frecuentes y escriben los resultados uno a uno. Hasta
el momento han creado 4.000 páginas para unas 50.000 búsquedas
diferentes. El truco reside en que los resultados se complementan con los de
Google (los chicos de Mahalo los llaman “our friends at Google”),
de modo que incluso cuando se realiza una búsqueda que no ha sido desarrollada
por los esforzados editores, el usuario siempre dispondrá de los resultados
de Google.

Similar es el funcionamiento de ChaCha,
un buscador en fase beta, que combina resultados obtenidos mediante un algoritmo
con otros sugeridos por “guías” que forman parte de una comunidad
de asesores de búsqueda retribuidos por el buscador.
Así, tras introducir el término de búsqueda y pulsar la
opción "Search With Guide", se inicia una sesión en una
sala de chat, donde un “guía” que previamente ha recibido
una alerta en su equipo, nos asesora en la búsqueda. Nuestro nuevo amigo
investiga, nos ofrece los resultados y tras comprobar que se adecuan a nuestras
necesidades, se despide atentamente. A continuación, el sistema nos muestra
los recursos utilizados por nuestro asistente y nos invita a calificar su trabajo
mediante un sistema de puntuación. Quienes desconfíen de la “humanidad” de
su guía o quieran conocer más acerca de él, pueden consultar
su perfil.

Desde un enfoque diferente, Hakia,
también en fase beta, intenta combinar las búsquedas automatizadas
con los criterios humanos. Hakia se define como "el primer buscador basado
en significados”, ya que emplea un sistema semántico propietario
que prioriza los resultados de las búsquedas en función su significado
y no de los criterios empleados por los buscadores genéricos.
De este modo, Hakia permite realizar búsquedas escritas en lenguaje común
(fundamentalmente en inglés, aunque se defiende en otros idiomas) y no
mediante las típicas cadenas de “keywords”. Al preguntar: “What
is population of Japan?” Hakia responde: “The population
of Japan is about 125,000,000, including approximately two million foreign residents.
See this page.” Al introducir esta misma pregunta en Google,
el resultado es el consabido listado de links, en el que tras la correspondiente
revisión podremos encontrar el dato. En la misma línea se encuentra Powerset,
otro buscador semántico basado en lenguaje natural, que aún no
ha sido presentado oficialmente.
Aunque en muchos casos se trata de proyectos en fase beta y los resultados aún
no son tan espectaculares como podría esperarse, todos estos sitios muestran
la voluntad de gestionar la información de un modo más natural,
eficiente y fluido. Se trata de potenciar el significado y la calidad de la información
frente a su volumen. Un enfoque muy cercano al concepto de Web
semántica o Web 3.0., la dirección hacia la que apunta
el futuro de Internet.
Buscadores
Sociales

En este contexto, los buscadores sociales se están revelando
como una de las alternativas más interesantes. Se trata de buscadores,
donde los resultados además de basarse en criterios de relevancia
definidos mediante un algoritmo, se apoyan en la opinión de los
usuarios.
Responden a tipologías muy diferentes que van desde los sitios centrados
en búsquedas como Eurekster (beta)
y Rollyo a
las wikis como Wikipedia, Zimbio y Squidoo,
los buscadores de tags como Thagoo o
los marcadores sociales como Del.icio.us.
Pero quizás los que cuentan con mayor proyección son los agregadores
de noticias, sitios como Digg, Menéame, Gennio, Fresqui, Reddit… tremendamente
activos y cada día más populares.
En estos sitios los usuarios se convierten en los grandes protagonistas del proceso
de selección y clasificación de contenidos. Son ellos quienes promocionan
a aquellos que consideran interesantes y penalizan a los que no les parecen suficientemente
buenos.
Los sistemas de votación son variados y en general combinan el número
de votos recibidos, con la “cualificación” de los usuarios
que han votado. Ésta se establece en función de su grado de participación
y del éxito de los contenidos que proponen.

Cuando un contenido obtiene un número elevado de votos, es promovido
a la página principal, lo que se refleja en un considerable aumento
del tráfico en la fuente original. Este crecimiento (se considera
que una portada en Digg supone entre 20.000 y 50.000 visitas y en Menéame
en torno a las 4.000) se concentra en pocas horas, pero mantiene su “onda
expansiva” durante meses. De este modo, estos sitios se han convertido
en el objeto de quienes desean potenciar su presencia on line.
Sin embargo, las comunidades generadas en torno a estos buscadores son muy celosas
de su independencia. Cuentan con una fuerte identidad, que se refleja en un protocolo
propio en el que no se contempla la utilización de estos soportes como
herramienta promocional. El autobombo y el spam están penalizados y los
sistemas de control actúan violentamente con aquellos que se sirven del
sistema para promocionar su propio sitio.
Esto limita la utilización de los buscadores sociales en acciones de eMarketing
y SEO. No obstante, son muchas las iniciativas que intentan explorar las posibilidades
comerciales de unas plataformas dotadas de enorme energía, un fuerte carácter
viral y que pueden resultar tremendamente eficaces en la monitorización
y en la detección del clima social de una marca.
Como ocurre con frecuencia, en relación a este tema se dan curiosas paradojas.
Cada vez son más frecuentes los rumores sobre sitios que
ofrecen dinero a
usuarios avanzados para que promuevan noticias y consigan portadas. Sin embargo,
todo puede ser mucho más sencillo. Estas plataformas, que actúan
dentro de la nueva economía de la atención, ponen el máximo énfasis
en los contenidos. Puede que sea algo más laborioso e implique buenas
dosis de paciencia, pero de momento, allí donde no llegan las trampas,
lo hacen los contenidos de calidad.

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