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Nos encanta comprar. Consumir alimenta nuestro ego
y nos aporta prestigio social. Y para conseguirlo estamos dispuestos
a pactar con el mismo diablo. Jornadas interminables, madrugones, hijos
desatendidos… nada pone freno a nuestro ansía de acumular
objetos, casi siempre innecesarios. Sin embargo, algunos individuos y
colectivos han decidido decir basta. Defienden que hay que terminar con
la tiranía de las compras y aseguran que se puede vivir mejor
comprando menos.

Somos lo que compramos. Antes que ciudadanos, somos consumidores
y es precisamente nuestra capacidad de consumo la que nos hace respetables
a ojos de los demás. Todo se compra y se vende. Pero la producción
masiva y la acumulación de deshechos están sacando a
la luz problemas como el agotamiento de las fuentes de energía,
el deterioro del ecosistema, el exceso de basura… además
de hacer insalvables las desigualdades sociales.
Incluso en los países más ricos, el ritmo que impone el mercado
es insostenible. Ni siquiera ellos se libran de contar con grandes sectores de
la población con dificultades para acceder a bienes de primera necesidad,
como la vivienda. Por eso, parece inevitable que las posturas a favor de un consumo ético
y responsable adquieran cada vez más fuerza. Ya son muchos los ciudadanos
que han adoptado iniciativas personales en esta dirección. Algunos han
decidido empezar por controlar su propio gasto. De este modo, además de
ahorrar, dejan de estar sometidos a la dictadura de las grandes multinacionales.
Y como la eficacia es mayor al actuar en grupo, la mayoría se inscribe
en asociaciones y movimientos ciudadanos. Muchos de estos grupos cuentan ya con
bastante tradición. Algunos formularon su ideario a principios del siglo
XX, bebiendo de fuentes tan antiguas como el Epicureismo. Pero es a partir de
los años 80, cuando han tenido un mayor crecimiento tanto en número
de seguidores, como en presencia mediática.
En general, no se identifican con ninguna ideología política, aunque
muchos son cercanos a grupos religiosos. Tienen tantos puntos en común,
que a veces es difícil diferenciarlos. Esta es nuestra lista de los más
populares.
SIMPLY
LIFE
La “vida
simple” es un movimiento basado en reducir al máximo
el consumo. Simple
Life no significa austeridad. Significa comprar las cosas
realmente necesarias prescindiendo de los artículos de lujo pero
sin llevar una existencia monacal. Tampoco significa vida fácil,
porque en una sociedad donde para ser aceptado hay que consumir, su postura
les fuerza a luchar constantemente por defender sus principios.

Para llevar este tipo de vida es imprescindible hacer un presupuesto lo más
preciso posible de lo que realmente se necesita gastar, intentando preverlo todo
y ceñirse a él al pie de la letra. Para ello, es útil pensárselo
dos veces antes de comprar. Algunas de las preguntas imprescindibles
que hay que hacerse cuando surge un gasto son: ¿Realmente lo necesito?, ¿podría
pedirlo prestado a un miembro del grupo, amigo, vecino o familia?, ¿tengo
algo que lo sustituya?, ¿cuántas horas tendré que trabajar
para pagarlo?, ¿es reutilizable?, ¿esta manera de gastar mi dinero
me satisface?...
Se puede obtener información de este movimiento en su web
oficial o en el blog Faces
of Simple Living.
MOVIMIENTO
ANTICONSUMO
Es un movimiento heterogéneo y bastante
amplio, que surge en Canadá y EEUU como respuesta a la globalización de
los mercados. Una de sus referencias más conocida es el libro 'No
Logo' de Naomi
Klein.
Los planteamientos de los activistas anticonsumo, vinculados a los movimientos
antiglobalización, se basan en considerar que las grandes corporaciones
están usurpando el poder legítimo de la gente, alienando a la población
con falsas necesidades de consumo.
Para ello, las multinacionales se valen de un constante bombardeo publicitario,
que tiene como única finalidad su propio beneficio, sin pensar en las
consecuencias para el resto de la población. El planteamiento es bien
conocido por todos. Las multinacionales priman sus intereses y tratan de reducir
sus gastos al máximo. Para ello explotan a sus trabajadores, forzándoles
a trabajar en condiciones extremas a cambio de salarios de miseria. A ser posible
en países pobres y corruptos donde se haga la vista gorda. La semiesclavitud
o el trabajo infantil, serían solo consecuencias de esta forma de actuar.
Uno de los exponentes más relevantes de
este movimiento anticonsumo es AdBusters,
un grupo de artistas, publicitarios, activistas sociales y defensores de los
derechos del consumidor, que intentan sacar a la luz las contradicciones de la
sociedad de consumo, desde el humor y la crítica inteligente.

Para extender su pensamiento se valen de los mismos
canales y estrategias que emplean las multinacionales para difundir sus
mensajes: idean campañas
de publicidad que parodian otras ya existentes.
Han liderado proyectos como Buy
Nothing Day, donde se aboga por pasar 1 día sin comprar
nada; Buy
Nothing Christmas, para disfrutar de unas navidades sin compras,
o TV Turnoff
Week, que pretende reducir la presencia de la televisión
en nuestra vida.
Como iniciativa personal, el Reverendo
Billy, performer y veterano del teatro de vanguardia de Nueva
York predica la doctrina anticonsumo en “The
Church of Stop Shopping”. Este seguidor de José Bové,
acusa, ataviado con un enorme túpé rubio, a las grandes cadenas
como Starbucks de destruir los barrios tradicionales, ahora invadidos por la
publicidad y las franquicias. Sus “sermones” más multitudinarios,
coinciden con las grandes celebraciones del consumo histérico, como
el “Thanksgiving Day” o la Navidad. Entoncés su inflamado
discurso, más que en ningun otro momento, intenta persuadir a los sufridos
consumidores para que eviten la compra indiscriminada.
Otros grupos con planteamientos similares son The
Anti Advertising Agency, Consume
Hasta Morir, Yomango, Billboard
Liberation Front, rtmark y
muchos otros.
FREEGANS
Según explica el diario Iblnews en
su artículo “Los 'freegans' o
recuperadores de basura se rebelan contra el consumismo”, los
freegans, organizados desde 1989, son personas que sólo comen
alimentos recuperados de los contenedores de basura y de las papeleras.
Aunque parezca lo contrario, no son vagabundos ni apartados de la
sociedad. Son personas que eligen esta opción radical por
convicción y filosofía de vida. Con su postura, además
de no gastar, tratan de limitar el excesivo consumo de recursos y
minimizar su intervención en la economía convencional.
Los más radicales, como los Vegan
Straight Edge, además de rechazar cualquier forma de consumo,
incluido el de drogas, alcohol y tabaco, se posicionan como defensores de los
derechos de los animales y de una vida sana y espirirual. Para ello, practican
la dieta vegetariana y rechazan la promiscuidad sexual. En ocasiones están
integrados en el movimiento “okupa” o habitan en espacios públicos.

Una vertiente menos radical, es la de The
Compact, que surgió tras una resaca
colectiva de consumo, por la que un grupo de jóvenes
de San Francisco, decidió estar 1 año sin comprar nada,
utilizando para sobrevivir el mismo sistema de reciclaje de basura que
los Freegans. Doce meses después, el grupo logró cumplir
con el desafío e inspiró a otros que emprendieron el mismo
camino.
El freeganismo, plantea un
boicot total a un sistema económico donde el beneficio ha eclipsado las
consideraciones éticas y donde los complejos sistemas de producción
masiva aseguran que todos los productos que compramos crean situaciones socialmente
injustas.
Además de comida, en sus Dumpster
Diving (recolecciones urbanas), recuperan todo lo que encuentran
de utilidad en las basuras, sobre todo en la de los comercios, supermercados,
colegios, hoteles y casas de zonas ricas donde se suelen tirar cosas en perfecto
estado.
Pero nunca van a sufrir el Síndrome
de Diógenes porque lo que no necesitan lo intercambian, siempre
sin dinero de por medio, en sitios como Freecycle o
en Really Really
Free Markets (Mercados verdaderamente gratis) y "Freemeets" (Encuentros
gratuitos).
En su web se
puede encontrar información detallada sobre su forma de vida.
DOWNSHIFTING
Se trata de un movimiento que
se alinea con Simple Life, pero que va un paso más allá.
Este movimiento de “cambio hacia abajo”, está integrado,
sobre todo, por profesionales que
renuncian al éxito y al dinero que les proporcionan sus trabajos,
seducidos por una vida sencilla donde trabajar menos, consumir menos
y vivir más. Después del yuppismo hay que pasar al downshifting.
Si bien, todo ejecutivo que se precie “amenaza” varias veces al día
con abandonarlo todo para dedicarse a cultivar su huerto, los downshiftings han
decidido ponerlo en práctica. Este es el caso de Heidemarie
Schwermer, psicoterapeuta de 60 años, que lleva desde 1996
viviendo con poco dinero, pero con bastante bienestar. Sin radicalismos (dispone
de un ordenador, usa un teléfono móvil y viste con sencillez),
lo que iba a ser una etapa de descanso de un año, se ha convertido en
su forma de estar en el mundo. Esta vivencia la ha reflejado en el libro “Mi
vida sin dinero”.

En otro libro, “La
bolsa o la vida”, Joe Domínguez explica cómo
se jubiló a los 31 años, viviendo desde entonces con 4.500 euros
al año. Según cuenta en su libro, el downshifting le ha valido
para saber valorar el dinero y gastar menos pero vivir mejor. El libro, “Felicidad
de la pobreza noble” también habla del downshifting,
partiendo del principio “vivir con modestia, pensar con grandeza” y
del concepto de “Pobreza noble” como opción para aquellos
a quienes lo material les produce un vacío existencial.
Para informarse más sobre el tema, sitios como New
American Dream, National
Downshifting Week, o el blog Downshifting
Path to Simplicity están llenos de información interesante
y consejos prácticos. También muchos blogs ofrecen datos útiles
sobre iniciativas de ahorro, reutilización y reciclaje, además
de sitios donde adquirir productos baratos que ayuden a no despilfarrar recursos
o actividades gratuitas. Everyday
Crafty Goodness, Suite
101, Debt
Proof Living, Daily
Cents o el español sinDinero,
son algunos de ellos.
LOS
PARADOS FELICES
También tratando de trabajar para vivir
y no vivir para trabajar, en Alemania han aparecido iniciativas como
la de Netzwerk
Grundeinkommen (red de ingreso básico), heredera
de los autollamados Los
Parados Felices, que en 1996 tomaron las plazas de Berlín
con sus tumbonas para reivindicar que querían llevar una vida
digna, descansando y sin trabajar.
Esta iniciativa busca "deseconomizar la vida diaria" en una sociedad
como la alemana, con a pesar de contar con altas prestaciones por desempleo,
desarrolla mecanismos de presión social que impiden disfrutarlas con dignidad.
En la Alemania de los 90, estar parado suponía un enorme desprestigio,
que había que evitar a toda costa.
Contra esta situación, estos grupos plantean separar el trabajo y el salario,
garantizando un ingreso básico para todos. "Seguro de existencia,
derecho individual y nula obligación de trabajar" es el contramodelo
que proponen a la política de desprestigio que Alemania aplica a sus desempleados.

Basic
Income Earth Network es un grupo de estudiosos de la Renta
Básica , con posiciones próximas a las de Los Parados
Felices, que puede servir de referencia para quíenes estén interesados
en saber más sobre iniciativas de este tipo.
Todos estos grupos ponen de manifiesto como en las sociedades desarrolladas,
cada vez son más los que optan por vivir consumiendo menos y de un modo
más responsable.
Pero hay muchas situaciones, en el Tercer y Cuarto
Mundo (más cercano a nosotros), en las que la exclusión
del ciclo del consumo no es una opción sino una triste imposición.
Allí reutilizar, reciclar o vivir de la basura son simplemente las estrategías
básicas de subsistencia. La pobreza en estos entornos pierde su “nobleza”.
Quizás a medio plazo, el modo de vida austero que propugnan estos grupos
anticonsumo, pueda servir para que las grandes multinacionales se planteen estrategías
más sostenibles. Entre tanto, todavía somos muchos los que encontramos
en una buena tarde en las rebajas, el mejor modo de llenar nuestro vacío
interior.

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