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Hace unos 2,5 millones de años, el ser humano
(o alguno de sus antecesores) empezó a crear y utilizar diferentes
herramientas de piedra haciendo uso de la tecnología para crear
objetos que le ayudarían en diferentes tareas (cazar, cortar,
defenderse…). Era el comienzo de la Edad de Piedra.
Hoy, sumergidos totalmente en la era digital, la tecnología ha
evolucionado tanto que diseñadores, ingenieros u otros creadores
de objetos se encuentran ante un inmenso rango de posibilidades para
poder concebir artefactos que satisfagan diferentes necesidades (o deseos)
del ser humano. Incluso, la posibilidad de crear robots u objetos inteligentes.

Pero ¿qué es un objeto
inteligente? Un objeto
inteligente es aquel que es capaz de “percibir” una situación,
un contexto o una acción, “interpretar” dicha situación
y “actuar” en consecuencia. Dicho de este modo, podemos pensar
que estas pautas son similares a las del ser humano o a las de cualquier
ser vivo.
Pero existen grandes diferencias.Los objetos inteligentes
perciben mediante sensores desde los detectores de presencia hasta los
detectores de movimiento del iris o el reconocimiento de voz. Interpretan
esta información basándose en algoritmos y actúan
con motores, palancas, luces, emisores de sonido, pantallas… Por
lo tanto, estamos hablando de una algoritmos. Además, hoy en día
nos encontramos también con objetos inteligentes compuestos por
materiales inteligentes o smart
materials, que basan dicha inteligencia
en cambios en su estructura molecular.

Esto quiere decir que son objetos con cierto nivel de
autonomía, puesto que no necesitan una acción voluntaria
de una persona para poder realizar diferentes acciones; ellos deciden.
Entre los objetos inteligentes cabe destacar dos grandes grupos: uno,
los que no tienen capacidad de aprendizaje y otro, que en función
de las experiencias que vivan, pueden aprender y modificar su comportamiento
(ir modificando su cerebro, es decir, su algoritmo). Es el caso de los
famosos Asimo o Aibo.
Cuando hablamos de objetos inteligentes a muchos puede que le vengan
a la cabeza este tipo de ejemplos. Sin embargo, tal y como dice Frederic
Kaplan (investigador en inteligencia artificial), vamos a convivir con
cientos de robots sin que tengan apariencia de ello: sillas, armarios,
aspiradoras, mesas, frigoríficos, ropa…
CONVIVIENDO
CON UNA NUEVA ESPECIE
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¿Cómo
será la convivencia entre las personas y estos objetos inteligentes?
Si conseguimos que dichos objetos perciban e interpreten todas
las situaciones que se dan a su alrededor de manera “correcta”,
y que actúen de modo que ayuden o agraden a los humanos,
se podrán crear experiencias muy enriquecedoras y estrechos
lazos emocionales entre ambos.
Su
manera de percibir y pensar es muy diferente a la nuestra y es
opaca para nosotros; sólo podemos ver sus acciones. Cuando
interactuamos con personas (incluso con animales) somos capaces de
saber lo que están percibiendo, incluso imaginar lo que están
pensando y, a pesar de que en muchos casos nos sorprendan, somos
capaces de predecir o comprender sus acciones. Y ésta es una
de las claves de una interacción satisfactoria, es decir,
que su comportamiento sea predecible o comprensible.
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Como dice Donald
Norman en "The
Design of Future Things", lo inteligente no son los
objetos, sino sus creadores. El gran reto es que identifiquen situaciones
y procesen la información correctamente para que sus acciones
nos resulten previsibles y/o comprensibles. En el momento en que un objeto
inteligente realiza una acción que no comprendemos, comienza la
desconfianza…
Su manera de percibir y pensar es muy diferente a la nuestra y es opaca
para nosotros; sólo podemos ver sus acciones. Cuando interactuamos
con personas (incluso con animales) somos capaces de saber lo que están
percibiendo, incluso imaginar lo que están pensando y, a pesar
de que en muchos casos nos sorprendan, somos capaces de predecir o comprender
sus acciones. Y ésta es una de las claves de una interacción
satisfactoria, es decir, que su comportamiento sea predecible o comprensible.
Como dice Donald
Norman en "The
Design of Future Things", lo
inteligente no son los objetos, sino sus creadores. El gran reto es que
identifiquen situaciones y procesen la información correctamente
para que sus acciones nos resulten previsibles y/o comprensibles. En
el momento en que un objeto inteligente realiza una acción que
no comprendemos, comienza la desconfianza…
En el campo de los automóviles se están incorporando muchos
elementos inteligentes: parabrisas que se activan solos cuando son necesarios,
luces que se encienden cuando hacen falta, sonidos que alertan al conductor
que esta despistado o sistemas que facilitan el ir dentro
del carril.
Si todo va bien, perfecto. Imaginemos que las luces no se encienden al
entrar en un túnel, que el parabrisas se pone en marcha sin que
llueva o que el automóvil dé constantes avisos sonoros
al conductor, a pesar de que éste vaya concentrado. O más
trágico, que el coche no deje al conductor esquivar un obstáculo
de la carretera para evitar que salga de su carril.

La Wii de Nintendo es un gran ejemplo de un objeto inteligente. Es capaz
de percibir el gesto del brazo, por ejemplo, y actuar en consecuencia.
Ahora, si jugando al tenis pretendo hacer un globo y hace una dejada,
comenzaré a desconfiar de ella. No soy capaz de comprender por
qué no actúa correctamente. O por ejemplo, el procesador
de texto que estoy usando me corrige constantemente cuando me equivoco
en alguna palabra, pero también lo hace en ocasiones sin que me
equivoque, escribiendo una palabra que yo no quería escribir.
Sin embargo, puedo llegar a comprender por qué lo ha hecho y no
soy tan severo con él.
Pero las posibilidades que tenemos son infinitas; la tecnología
nos permitirá poder concebir todo aquello que seamos capaces de
imaginarnos: mi frigorífico me dirá que mañana se
caducan los yogures, mi lavadora sabrá el tipo de ropa que he
introducido y ajustará sus parámetros en consecuencia,
mi sofá sabrá que me he sentado y se ajustará a
mis gustos (posición, temperatura…), mi microondas sabrá a
qué temperatura me gusta la leche y lo calentará con total
exactitud, mi espejo me ayudará a probar diferentes prendas sin
tener que sacarlas del armario, o el ascensor creará diferentes
ambientes según la situación… Todo esto, está o
está llegando.
COMUNICACIÓN
OBJETO-OBJETO
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Otro
aspecto muy interesante es la comunicación objeto-objeto, ¿Cómo
se comunicarán entre ellos? ¿Qué información
compartirán entre ellos? ¿Se hablará la silla
con la mesa? ¿O el frigorífico con la báscula? ¿Y
mi frigorífico con el frigorífico del vecino?
“
Oye,
el frigorífico del vecino, me ha dicho que Ignacio, el vecino,
compra alimentos mucho más sanos que tú… Deberías
empezar a cuidarte más”. ¿Alguna vez mi frigorífico
llegará a decirme algo así? O ¿llegará mi
coche a decirme? “Juan acaba de cambiarle la tapicería
a su coche, está muy bien. Yo he visto una en la misma tienda
que iría muy bien con mi salpicadero…”
Pero esta comunicación puede servir para cosas más
serias. Imaginemos que un coche va a dar un frenazo repentino por
alguna causa y es capaz de avisar antes al coche o a los coches que
vienen por detrás, de modo que éstos podrán
frenar a tiempo también. Si llegáramos a tener coches
100% autónomos, la circulación sería mucho más
fluida y habría menos accidentes.
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PERO...
Sin embargo, existen aspectos que resultan preocupantes
en la convivencia con objetos inteligentes, como por ejemplo la confidencialidad
de datos. Imaginemos la siguiente situación: voy a una tienda
de ropa y me compro un pantalón. Muy bien, hasta ahora, el fabricante
de ese pantalón podía tener el dato de número de
pantalones vendidos. ¿Pero qué puede ocurrir en un futuro?
Compro el pantalón con mi DNI
electrónico, por lo que el
fabricante sabe quién lo ha comprado. Como mi ascensor estará dotado
de diferentes sensores y lectores, me reconocerá cada vez que
lo utilizó y reconocerá del mismo modo el pantalón
que llevo puesto mediante RFID, haciendo llegar la información
al fabricante de pantalones. De esta manera, sabrá cuántas
veces me lo pongo, qué días de la semana o incluso cuándo
dos pantalones están juntos. Y cuando lo meta a la lavadora, más
de lo mismo. Estos objetos serán muy fáciles de trazar,
por lo que las bases de datos de las empresas podrán estar repletas
de información de nuestro comportamiento.
Por último, al igual que sucede con los ordenadores, estos objetos
serán susceptibles de contraer enfermedades, es decir, de ser
atacados por diferentes virus. Y aquí ya las consecuencias pueden
ser terribles, hasta ir en contra de las leyes formuladas por Asimov,
haciendo peligrar la integridad de los seres humanos.
Pero yo soy optimista y no me imagino futuros escenarios tipo Blade
Runner.
Pienso que tenemos la posibilidad de crear objetos con los que vamos
a poder vivir experiencias satisfactorias y con quienes podremos establecer
relaciones a largo plazo… y lo dejo aquí, que mi silla ya
me está diciendo que hace tres horas que no tomo un descanso y
que estoy adoptando posturas nocivas para mi espalda…
Gari Iruretagoiena. Diseñador industrial.

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