ESA PEQUEÑA GRAN DESCONOCIDA

Pues sí, resulta que Malta, a pesar de ser un país de juguete (el archipiélago maltés ocupa en total algo más de media Ibiza), es un país serio, tan serio que es miembro de la Unión Europea desde 2004. ¿Y qué saben ustedes de ese país hermano? Hasta hoy nada, admítanlo sin tapujos, excepto lo del halcón maltés y que hablan inglés. Bueno, y aquel famoso partido donde les colamos los doce goles, de acuerdo. Pues se equivocan en lo del idioma: no hablan inglés, bueno, lo hablan como usted y como yo, pero ni son bilingües, ni el inglés es lengua oficial, ni nada por el estilo. Por este motivo, el maltés, ese dialecto semítico con  alfabeto latino que hablan 350.000 personas en el mundo, se ha convertido en una de las lenguas oficiales de la Unión Europea, y eso que los gramáticos y lingüistas aún se lo están inventando.

Pero Malta es una agradable sorpresa que todo europeo responsable se alegrará de descubrir. El descubrimiento más asombroso es que ¡en Malta también festejan al santo patrón con mascletaes!, noticia que los lectores valencianos podrán calificar de bomba o de petarda, según. Destino ideal para un puente de cuatro días y viajeros a dieta, evite el tórrido verano si no quiere achicharrarse o ser masacrado por una o varias hordas de bárbaros turistas en Birkenstock. Muévanse por la isla en los característicos autobuses amarillos sin aire acondicionado, tan retro que parecen más bien una cápsula para viajar al pasado. Los de juguete son un buen regalo para su sobrino.




HISTORIA

Antes de pasar a los detalles en este caso será útil recordar los antecedentes. Que levante la mano el que conozca la historia de esta miniatura de país. Una vez confesa la ignorancia general al respecto, aproximémonos brevemente a este culebrón sorprendente y verdadero que es la historia de Malta, acreditada fehacientemente por su inesperada monumentalidad. Los primeros malteses levantaron los edificios más antiguos que se conservan en el mundo: construcciones megalíticas 1.000 años anteriores a las de Stonehenge, que todos hemos visto, al menos en postal. Los templos de Hagar Kim, por ejemplo, tienen un monolito que los expertos han interpretado repetidamente como evidencia del culto fálico, lo que demuestra que tanto los primitivos malteses como los actuales expertos sólo piensan en lo único.

Dediquemos unos instantes a reflexionar sobre la escasísima evolución sufrida por la humanidad a lo largo de los milenios. Si va mal de tiempo puede saltarse tranquilamente los templos de Ggantija de Gozo. La dama durmiente y la Venus de Malta, en el Museo Nacional de Arqueología (Albergue de Provenza), son algunas piezas representativas de estas antiquísimas culturas, que sorprenden por su modernidad y proporciones de Botero. Un buen souvenir son las reproducciones de la escultura de la Dama. Cabe apuntar aquí que el sobrepeso sigue estando bastante extendido entre los malteses y las maltesas, que diría Ibarretche. Luego, allá por el año 800 AC llegaron los intrépidos fenicios y los cartagineses, encantados con los puertos naturales y la situación estratégica de Malta en las rutas comerciales del Mediterráneo. Después llegaron los romanos y tras las molestas guerras púnicas, Melita, así bautizada por su abundante miel, gozó de la pax romana en esa piscina del primer Club Med que era entonces el Mare Nostrum y estuvo por fin a salvo de los piratas. Aunque Malta fue profundamente romanizada, apenas quedan algunos restos, como los mosaicos de la falsa “villa romana” de Rabat (Malta) o Museo romano, exquisitos pero escasitos. Y luego llegó San Pablo en el año 60. Allí le mordió una serpiente delante de todos y, en vez de morir, evangelizó a los isleños en un santiamén, y nunca mejor dicho. Ese fervor cristiano sigue muy vivo hoy en día, tanto que las iglesias ponen altavoces en las calles para que todos escuchen los oficios y hay procesiones por todas partes y a todas horas. Está muy extendida la costumbre de iluminar las fachadas de las iglesias con bombillas de colores, algo así como la Portada de la Feria de Sevilla, pero muchísimo más naif  y elemental. Esta estética pueril demuestra que la fe de los malteses es a prueba de bombas.

Luego las islas cayeron sucesivamente en poder de los normandos y de los árabes. Pero la parte más entretenida y gloriosa de su historia empieza con los famosos caballeros de la Orden de Malta. La Orden hospitalaria de San Juan Bautista de Jerusalén era una orden benedictina del S. XII dedicada al cuidado de enfermos y peregrinos. Pronto vieron la necesidad de proteger a los peregrinos a lo largo de las rutas de peregrinación y se añadió una Orden Militar de caballeros, dirigida por un Gran Maestre e integrada por lo más granado de la nobleza europea. Cuando Suleimán el Magnífico les expulsó de Rhodas en 1522, Carlos V les entregó Malta como sede. El precio del arrendamiento anual era … un halcón, el famoso halcón maltés, al principio de carne y hueso, luego de oro y gemas, que tiene, entre otras, la ventaja de que no hay que limpiarle la jaula. La Orden, multimillonaria, estaba articulada en ocho “lenguas”: Castilla, Aragón, Francia, Provenza, Auvernia, Italia, Inglaterra y Alemania, cada una instalada en un magnífico Albergue, de los que el de Castilla es digno de verse por sus aires de parador. Acosados por los turcos, los caballeros fortificaron la isla y se instalaron en La Valeta, actual capital que debe su nombre al Gran Maestre Jean de la Valette, que venció definitivamente a los turcos en 1565 tras un agónico sitio de 31 días que es objeto de un show para turistas anunciado por todas partes.

La simbología de los caballeros sigue muy presente hoy en día y solo los viajeros con más fuerza de voluntad abandonarán el archipiélago sin haber comprado la ubicua cruz de ocho puntas como souvenir. El magnífico suelo de la bellísima catedral de La Valeta está formado por las lápidas en opus sectile de estos caballeros, y los evocadores elogios fúnebres inscritos en cada una de ellas podrían inspirar mil novelas de caballerías, todas ciertas. El trabajo de los marmolistas es excelso, por lo que está prohibido entrar con tacones a la catedral. Los caballeros nunca perdieron de vista su vocación altruista y regentaban un hospital donde, según las crónicas, se servían tres clases de pan, no a elegir, sino en función de la clase social: los pobres pobres comían el pan más negro, pero, eso sí, en bandejas de plata, no sólo por glamour sino también por asepsia, los caballeros eran gente ilustrada. Lo malo fue que cuando la revolución francesa abolió la aristocracia, vieron sus ingresos reducidos a la sexta parte, así que Napoleón pudo tomar las islas sin disparar un solo tiro. Los franceses se dedicaron a expoliar los tesoros de las iglesias y la población indignada se sublevó, por lo que en 1800 se hicieron cargo los británicos que establecieron un protectorado hasta 1964, fecha de la independencia de Malta. Lamentablemente, la herencia británica no se percibe en los bruscos modales de los habitantes, que más recuerdan los de un taxista de Atenas que los un lord inglés, pero sí está viva en asuntos tan graves como la gastronomía. Si quieren más detalles de la increíble pero cierta historia de Malta vayan al documental “Malta Experience” en el histórico fuerte de San Elmo, que, aunque es para turistas y se remonta hasta el Génesis, es bastante informativo.




GEOGRAFÍA

La isla de Malta es prácticamente una fortaleza natural. El viajero playero debe saber que ni en Malta, ni en Gozo, ni en Comino hay playas. La excepción es la de Adira en Malta, de 600 m. Las demás son centimétricas, lo que no disuade a las masas de acudir en tropel ya que tienen garantizado un sol de calidad africana. Elegir uno de los cruceros que rodean totalmente el perímetro de Malta y paran en Comino para disfrutar del mar da una idea bastante aproximada de la geografía del país, aunque no se lo recomiendo a viajeros sensibles que no soporten escuchar la misma información en cuatro idiomas. El del catamarán es el mejor, pero lo ideal es alquilar una lanchita para pasar un día en Comino. El nombre de la isla, donde solo quedan tres habitantes, ya da idea de su insignificancia territorial, pero sus parajes son visita obligada, sobre todo la Laguna Azul. La multitud de cuevas, estrechos, arcos y túneles formados por la erosión hicieron de ella un refugio ideal y oficial para piratas, y sus aguas tienen unos colores de acuarela que emocionarán al turista más seta. Les dirán que es un paraíso para buceadores, pero no lo crean: cuatro erizos y tres medusas es todo lo que queda según el último recuento de National Geographic.

La isla de Gozo comparte estas mismas aguas que, también haciendo honor a su nombre, son un auténtico gozo. Pueden tomar un taxi a la salida del ferry y, tras un breve regateo, les llevará a todos los sitios donde quieran ir. En Dwjeia báñense en la piscina natural que hay justo delante de la Ventana Azul y se sentirán como auténticos dioses de la antigüedad. La costa es tan espectacular que no es de extrañar que Ulises interrumpiera su odisea para quedarse a vivir en una de sus cuevas con Calypso. La ciudadela de la capital de Gozo, Victoria en inglés o Rabat en maltés, merece un paseo y bastantes fotos. Las murallas más expuestas a los vientos marinos tienen agujeros esféricos como para almacenar miles de pelotas de ping pong. En Gozo eviten el Santuario de estilo neokitch de Ta’ Pinu, elevado para conmemorar las apariciones marianas en la isla, tan extraordinariamente cursi y de mal gusto que lo raro es que la Virgen no se haya vuelto a aparecer para quejarse. Y es que el kitch es el estilo predominante de las islas: cualquier casita adosada de chicha y nabo confunde miradores, balaustres, columnas, verjas, ménsulas y capiteles de los más variados estilos. Y nunca falta en jambas o dinteles una Virgencita o un Sagrado Corazón del todo a 100 (pesetas, digo, que la lira maltesa cuesta 2,5 euros).

La Valeta ocupa una peninsulita alargada en medio de diez puertos naturales que tienen la curiosísima forma de la cornamenta de un ciervo. El puerto de La Valeta, Marsa, es el puerto natural más grande del Mediterráneo. Los otros corresponden respectivamente a las otras nueve ciudades que, aunque geográficamente yuxtapuestas, son administrativamente independientes. Todas las edificaciones de las islas están construidas con una piedra caliza amarillenta que da una armonía verdaderamente sinfónica a una ciudad que, vista de cerca, se diría que amenaza ruina. Con las luces del atardecer la piedra refulge como si fuera dorada y los efectos y matices del anochecer les aviso que son prácticamente hipnóticos, así que vayan provistos de cámaras de todo tipo. En especial, las vistas de la vieja ciudad de La Valeta a través de los mástiles de Sliema, de donde salen los cruceros, son verdaderamente incansables. Hay un crucerito nocturno que recorre todos los puertos iluminados que sería de lo más romanticón si el guía guardara un prudente silencio.
En La Valeta mismo, todo lo que hay que ver está dentro de la ciudadela. Fue una de las primeras ciudades con plano ortogonal y prácticamente desde cualquiera de sus empinadas calles se divisa el mar al fondo. Hay varias plazas recoletas cubiertas por enormes sombrillas que tienen, entre otras, la misión de proteger a los clientes de la lluvia de deyecciones de las palomas. Ni se les ocurra sentarse en un banco o bajo un árbol. En las desvencijadas fachadas con los típicos miradores de madera se amontonan burruños de cables, ropa tendida y otros elementos de lo que ahora se llama contaminación óptica que deberían desaparecer inmediatamente o antes. Aun así, es armoniosa en su decrepitud y monumental en su avanzado estado de descomposición. Pero, ¿por qué La Valeta se cae a trozos? 

La razón es que todos los fondos disponibles se han dedicado a la restauración de Mdina que, tras cinco años de excelente trabajo, se ha convertido en una de las ciudades más encantadoras de Europa. Este secreto tan bien guardado es otra ciudadela, renacentista y barroca, donde los palacetes y mansiones señoriales se suceden en callejuelas medievales trazadas para que no alcanzara ni el recorrido de una flecha. No dejen de mirar por las cerraduras de los portones para descubrir los fascinantes jardines secretos repletos de buganvillas y de palmeras. Cuando empiezan a encenderse las estrellas y los faroles, adquiere un aspecto tan mágico que sentirán la tentación de comprar una casa en Mdina, advertidos están. Rabat (“arrabal” en árabe) es la ciudad yuxtapuesta a Mdina (“ciudad”) fuera de la ciudadela, pero comparada con ésta no tiene ningún interés.




GASTRONOMÍA (O ALGO PARECIDO)

Malta es también un destino perfecto para adelgazar. A pesar de la influencia benéfica de Italia a lo largo de su historia, no tienen ni idea de hacer el pescado, que está siempre pasadísimo, la repostería parece un catálogo de artículos de broma y lo único que se salva es la fruta, suculenta, la verdad. Todo lo que se les ha ocurrido como plato típico es el tympana, consistente en un pie espantoso de esos ingleses relleno de ¡macarrones!, perversión anglo italiana que no deben pedir ni por curiosidad malsana. Otro es el stuffed marrow, una especie de bocadillo relleno con todo tipo de verduras, que al menos tiene la ventaja de no ser pan con pan. La situación es tan desesperada que ni siquiera en el precioso Relais & Châteaux de Mdina se cena bien. Les aseguro que vale verdaderamente la pena coger el ferry que va a Sicilia en 90 minutos para comer y volver.

Resumiendo, los atractivos de Malta son aplastantemente mayoritarios sobre las desventajas. Los mosquitos, la plaga de palomas diarreicas, la caló y la cutrez apenas son unos pequeños inconvenientes que tienen la misión de recordar al viajero que todo lo que ve es verdad y no un sueño. Un viajero profesional como Ulises se quedó siete años aquí. Por algo sería. 


Guía de Malta redactada por Willy Fog.



El contenido de la web es de tipo Copyleft bajo licencia Creative Commons