PRESENTACION

Ah, Sevilla, tierra de embrujo y ensueño, cuna de arte y poetas, refugio de artistas, paradigma de tesoros monumentales… bla bla bla bla, en fin, que sí oiga, que Sevilla es la repera, eso como que ya lo sabíamos todos, nosotros, ellos, los seis mil doscientos tres japoneses que giran sus calles todos los días… para que insistir, si total, ya la hemos visto en fotos y postalitas. Sevilla mola, pues sí, para que negarlo.
Lo que sucede es que Sevilla no solo mola, sino que mola MUCHO. Y no mola MUCHO por sus monumentos, por el flamenco o por cosas similares, no. Sevilla MOLA mucho porque respira, porque es casi un ser vivo en sí misma. Ese es el auténtico truco de Sevilla, sus calles, su absoluta falta del respeto a las leyes de la geometría y de la física (a cualquier cosa se le llama “paralela” hoy en día). Perderse por Sevilla es una delicia, tirar a la basura el mapa antes de empezar a andar, porque sin puntos de referencia, Sevilla es casi como estar dentro de una aventura gráfica (si hombre, acuérdese, tipo “Monkey Island”, llena de escenarios diferentes, de objetos extraños, de personajes que… vale, dejémoslo). Y además es una simbiosis, porque al turista le encanta mirar y a Sevilla y a los sevillanos, para que engañarse, les encanta enseñar.
Así que dejémonos de guías al uso, total, con los monumentos se va a dar de frente, aunque no quiera, y echémosle un vistazo a esa Sevilla que mola MUCHO. O mazo.
No, mejor MUCHO (mazo, nchts).




COMER Y BEBER

Situado en la plaza de San Pedro, como referencia, antes de la Plaza de la Encarnación, Coloniales es un lugar barato, agradable, con terrazas fuera, muchas tapas variadas con muy buen gusto. Si hace bueno le recomiendo ir no más tarde de las dos, porque después se hace difícil conseguir mesa en los veladores.

Ajoblanco, pequeño rinconcillo en la calle Alhondiga (como referencia, es una calle que hace esquina con la Hemeroteca, muy cerca del sitio anterior). Las paredes decoradas con posters de jazz y rock, buena música, francamente pequeñito (es casi un pasillito) y poquitas tapas pero muy bien hechas.

Universal, en la Plaza del Salvador, con mesitas que dan a la plaza (que es la más popular de Sevilla) y tapas curiosas, como las espinacas reina con nueces. Subiendo por unas escaleritas hay un segundo local que es de los mismos dueños, menos bonito pero mucho más tranquilo.

Rincón de la Viuda, en una callecilla que conecta la calle Sierpes con la calle Tetuán, muy cerca de Plaza Nueva. Muy lleno de guiris pero muy bonito, bastante económico y las mesas dan a lo que es el meollo del centro de Sevilla.

Si prefiere cocina de más alto standing en la calle Zaragoza (junto a Plaza Nueva) está la Taberna del Alabardero, que es la escuela de Hostelería de Sevilla. El ambiente es hiper-mega-chuli, con su piano y sus camareros con uniforme, pero el edificio es de principios del siglo pasado, muy acogedor, te tratan bien y con eso de que cocineros y camareros son estudiantes pues el menú no es excesivamente caro.
 
Y si prefiere el colmo del proletariado cómprese un cartucho de pescaíto frito o en adobo en la Freiduría de la calle Santa María la Blanca (como referencia, está en la zona de La Florida) y dese un paseillo por esa calle, que termina prácticamente en el susodicho Barrio de Santa Cruz.

Y luego, para bajar la comida que ha estado cargadita, oiga, nada como un heladito en Rayas, en la Plaza de San Pedro. Sabores de todo tipo, atención inmediata y una plazoleta estupenda al lado para enguarrinarse las manos. Y los batidos de helado… ay los batidos de helado… Abren en cuanto hay dos rayos de sol de más.




NOS VAMOS DE FIESTA

La Carbonería No se pierda este sitio, caballero, lugar de peregrinación absoluta. Está en la calle Levíes, sitio francamente escondido, y en el portón no hay indicación alguna con el nombre del bar. Pero se encuentra. Como referencia, si se pierde mucho, coja por la calle Santa María la Blanca, la de la freiduría, y a mitad de esa calle, en una plazoleta a mano derecha, empieza la calle Levíes, que serpentea hasta llegar a La Carbonería. Es un lugar estupendo, con tres zonas separadas, una primera íntima, con un piano viejo y una chimenea; la segunda es una nave grande llena de mesas enormes, donde está la barra y una pequeña cocina (no deje de pedir por dos eurillos el Chorizo al Infierno); la tercera zona es el jardín, lleno de vegetación y una pequeña barra donde ponen mojitos. Vaya el día que vaya siempre encontrará música de cantautor, jazz, blues, flamenco, a la asociación de Go de Andalucía, exposiciones, presentaciones de libros, a Manu Chao, a Raimundo Amador, a los boy scouts... no deje de ir, en serio.

En la Plaza de San Francisco (junto a Plaza Nueva, es la parte de atrás del Ayuntamiento), está Picalagartos, local agradable, buen trato, íntimo, y si son muchos con una sala grande en el piso de arriba.

Posturas está en el barrio del Arenal, una pequeña bocacalle de la calle Adriano. Mucho bullicio, un dueño que en menos de tres minutos le contará nueve chistes y la especialidad de la casa: el posturas, que es una copa que vale un euro que se hace combinando vino dulce con Ron o con Ginebra. Muy muy bueno pero muy muy peligroso (créame).

Barrio del Alameda, la plaza de la Alameda en sí es un hervidero por la noche, lleno de bares a ambos lados de la misma. Mi recomendación:
La Sirena, donde también puede tomar tapas y es el más barato; El Boulevar, con su terracita bajo vegetación fuera y su decoración medio Kitsch dentro; Taberna del Corto Maltés, de nuevo con decoración muy estimulante; Central, que es el típico sitio con millones de personas fuera hablando con su copa en la mano; El Duende Verde y El Barón Rampante - están uno al lado del otro, de ambiente gay y de nuevo con decoración sugerente. Si sale de la plaza hacia la derecha (viniendo desde el centro) se encontrará con La Bruja, muy alternativo todo y con bastantes conciertos y teatrillo en vivo; y con La Ilustre Víctima, que aparte de las copas hacen un cus cus estupendo (ojo, que si se va muy lejos acaba en las calles de las señoritas de moral distraida, pero del todo a cien).

Plaza de la Alfalfa, y sobre todo en una de las calles que dan a ella, la calle Pérez Galdós, encontrará usted de todo. A saber:
Café Alfalfa 10, para tomar cafelito a media tarde con una tarta de nueces que está considerada pecado mortal por la iglesia católica, los evangelistas, los mormones, los testigos de Jehova y los protestantes (por la Cienciología no). Restaurante Habanita de cocina vegetariana y cubana, muy agradable y no excesivamente caro. Berlín un pub con música rock de mejor gusto (en mi opinión) y que cierra muy tarde y Los Caracoles que no tiene nada de particular pero es lo que llamaríamos "el típico sitio para ir de tapas".
 
Calle Betis Toda la calle Betis merece la pena recorrérsela, aunque sea por el paseo junto al río, muy epatante. Aquí hay sitios de tapas (aunque no de mis preferidos) pero para tomarse algo le recomiendo, en el extremo de la calle que da al puente de Triana, el Café de la Prensa, con unas vistas acojonantes. Y si ya encuentra el Paseo de la O (me temo que tendrá que preguntar, es la continuación de calle Betis pero por abajo, en la misma orilla del río), al final del paseo está el bar La otra orilla, junto con la Carbonería mi bar preferido de Sevilla. Es el clásico rincón apartado con muchísimo encanto.




VISITAS CULTURALES

Como queda dicho, se va a dar usted con los monumentos en los morros aunque no quiera (y si necesita más información…¡cómprese una guía, gorrón!). De cualquier manera insisto que le conviene perderse en el centro de la ciudad cuanto sea posible, particularmente por el Barrio de Santa Cruz y si tiene que elegir un sólo monumento que ver ruego no se pierda los Reales Alcázares, detrás de la Catedral, un sitio delicioso con jardines estupendos y que merece mucho la pena (en mi opinión mucho más que Catedrales, Giraldas, Museos y otras hierbas).




COMPRA DE SOUVENIRS

Sevilla es un auténtico nido de merchandising, objetos kitch y cachivaches absurdos que llevarse en el equipaje, previo pago de una módica (y a veces no tan módica) cantidad. A lo largo de la Avenida de la Constitución (la Avenida de la Catedral) y del barrio de Santa Cruz podrá encontrar todo tipo de cosas típicas y tópicas que comprar, pero carentes de originalidad y expresión de los lugares comunes que todo el mundo tiene con el sur de España: postales sosas, su bailarina de flamenco para ponerla sobre el televisor, su llaverito con el toro o con el torero, su poster de la corrida con el hueco para meter su nombre entre Espartaco y Curro Romero… de todo oiga, mismamente sacado de una película de Mariano Ozores.

Yo en cambio le recomiendo dos cosas que sí me parecen dignas de ser compradas de recuerdo:
Por una parte objetos de cerámica sevillana, sea proveniente del Monasterio de la Cartuja o no. Si se anima usted a cruzar el Puente de Triana y llegar a la Plaza del Altozano vaya usted por la calle a su derecha (justo la opuesta de Calle Betis), que se llama San Jorge, y encontrará unas cuantas fábricas de cerámica autóctona. La exposición de objetos en venta es amplia y variada, y generalmente de muy buen gusto, amén del encanto que tiene comprar estas cosas “recién saliditas del horno”.

La otra cosa que recomiendo es buscar en la misma Avenida de la Constitución la tienda Matador de Sevilla, de venta de camisetas mayormente. Estas camisetas dan una vuelta de tuerca humorística a los tópicos de la ciudad y lucen la mar de bien oiga. Algunos de sus mensajes memorables: “¿Qué quiere de tapa?”, “Aquí lo que hay e mucha guasa”, “Triana, puente y aparte” o “Joé que caló”.



DATOS Y CURIOSIDADES

En Sevilla hay tres tipos de clima: calor, una jartá de calor, y un calor de cojones. Téngalo en cuenta cuando vaya a preparar su equipaje. Pero tenga también en cuenta que en invierno, a pesar de ser un invierno suave y que dura poco, hace frío, y es una ciudad donde las casas y los locales no están preparados para eso (dificilmente encontrará casa con calefacción. Eso sí con aire acondicionado, todas).

Navidad y Semana Santa son dos periodos de locura para ir, a menos que esté usted particularmente interesado en visitar la ciudad en ese periodo (por ejemplo para ver las Procesiones en Semana Santa). El alojamiento es imposible de encontrar y además los precios suben hasta multiplicarse por cuatro. La ciudad está abarrotada de personas y el transporte público es una entelequia durante esas fechas.

En abril (la semana depende) tiene lugar la Feria de Sevilla. De nuevo es un momento poco oportuno para ir por precios, aglomeraciones y demás, a menos que no desee usted expresamente a la Feria. Además en el recinto ferial hay pocas casetas de libre acceso, el 90% son privadas, y si no conoce a alguien dentro puede resultar realmente frustrante ir allí.

Agosto. 50 grados. Usted verá.

Marzo es un gran mes para ir, con fresquito sin pasarse y todavía no demasiada gente. Abril y Mayo (fuera de periodo de Semana Santa y Feria) Sevilla está impactante, plagada de naranjos florecidos, plagadas en el sentido de “plaga” (que están por todas partes oiga). Huele bien, la gente está en la calle, la temperatura idónea… es el momento. Junio y Julio también, aunque las temperaturas se exceden bastante, todo sea dicho. Septiembre es igual de ideal que en primavera pero con menos flores y con la gente de más mala leche (a ver, se comienza el curso, el trabajo, etc). Octubre y Noviembre son buenos meses para explorarla a fondo sin aglomeraciones y si no quiere saber nada del calor.

Oiga, si tiene tiempo dese una vueltecita por Carmona, está a unos 30 km (en coche cogiendo la autovía dirección Córdoba) de la ciudad y es un pueblo medieval estupendo. Además, tomarse un café en el Parador Nacional de Carmona, en esa peaso de terraza con vistas a la vega del río Corbones, es espectacular. El Parador, un antiguo Alcázar árabe, es espectacular. Leches, si hasta el paseito para entrar en el Parador es espectacular.

Si le pilla con ganas de ir a la playa tiene usted muy cerquita en coche todas las de la provincia de Huelva y muchas de las de la provincia de Cádiz. No hay mar en Sevilla, pero casi.

Guía sevillana redactada por el Sr. Fanshawe.



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