CAMINO SORIA

Señáleme un turista sensato. Sí, usted, venga. ¿Ése de ahí? ¿No desea señalar otro? ¿Ése, verdad? Pues bien: Amigo, ése no es un turista capaz. Ese turista no ha visitado Soria. Pero oiga, ése que he señalado sí que ha visitado Soria. Pues entonces mil perdones. Sí que he visitado Soria, y me incomoda que me señalen. Ya he pedido perdón una vez, no lo pienso repetir. Pues siga escribiendo. Eso hago.
Una bonita desventaja a la hora de visitar Soria es que hay que ir premeditadamente. Por allí no se pasa de camino a otro lugar. A Soria se va saliendo de casa con destino a Soria; y, exceptuando el barco y el avión, se puede llegar por todos los medios posibles. Mi consejo, no obstante, es ir en coche porque una vez allí, hay muchos sitios que visitar en la provincia.

Julio César decía mucho lo de “Divide y vencerás”. Aquí no vamos a ser menos y dividiremos la provincia de Soria en tres comarcas bien diferenciadas:

• El sur es la región más seca y despoblada, claro paradigma de épica tierra castellana. Castillos, bosques bajos, páramos y pastos de verano. Los pueblos lucen con orgullo un olor tranquilo y anacrónico. Un dato: En esta zona se encuentran las setas más deliciosas que usted pueda encontrar.

• Al norte, Las Tierras Altas, entre el pico del Moncayo, de Cebollera y el de Urbión. Luciendo una orografía tan irregular como espectacular, se alzan bellos paisajes de montaña nevada, puertos imposibles y galanos ríos que llenan espléndidos lagos. Vamos, que me río de Suiza, sabe usted.

• Y al oeste, la fértil tierra regada por el Duero. Vastos pinares salpicados de rojizos hayedos. Robles y nogales. Bajos enebrales y verde trigo. Gran uva crece en esta región, dando unos vinos de éstos que te tomas una copa y piensas: “Me voy a tomar otra rapidito, a ver si me da tiempo a una tercera”.

El gran tópico ñoño de la provincia es el clásico “Hace mucho frío”. No se le puede quitar razón, en Soria hace un frío de pelotas. Los vientos gélidos vienen de todas las direcciones para helarle a uno la sangre. Pero es un frío sano, créanme. Es un frío que afecta más al termómetro que al cuerpo. Al calor de sus fuegos, sus mantas y sus piedras, el soriano encuentra en el glacial clima un conservante. La soriana le dice al soriano “¡Qué frío hace!” y el soriano le responde “Ven aquí, que te voy a dar calor”. Ésta es la demostración, se trata de una tierra de generosos.

Aquí tienen, a continuación, varios enclaves de la provincia donde deberían pararse todos ustedes, junto con sus seres queridos, a fotografiarse.



LA LAGUNA NEGRA

Hace muchos años un glaciar bajaba lentamente desde los picos del Urbión. Era un glaciar muy extraño, ya que tenía ojos y podía ver el paisaje. Tan bello era lo que desde allí arriba podía contemplar que decidió quedarse a vivir ahí. El cambio climático que se produjo hace miles de años consiguió fundir al glaciar, el cual dijo antes de morir: “¡Kyotooo!”. En ese lugar ahora podemos ver el resultado, una laguna perfectamente circular de inigualable belleza.

Se cuenta que las aguas de la Laguna Negra son tan oscuras porque no tienen fondo. Hay estudios que afirman haber sondeado la laguna, sostienendo que sí tiene fondo. A mí, personalmente, me hacen mucha gracia estos estudios. Sobre este tema ya escribió Antonio Machado y ¿a quién van a creer ustedes? ¿Creerán la versión de unos científicos locos o creerán a don Antonio? Pues hombre, está claro. La Laguna Negra no tiene fondo y punto.

Para llegar a la Laguna Negra, deberán ustedes subir la ladera del pico del Urbión. Desde Covaleda, un pueblecito con mucho encanto, y subir la falda occidental; es la ascensión más recomendable por la especial belleza de la serpenteante carretera. La otra vía sería desde Vinuesa, pueblo más grande que Covaleda a orillas del embalse de La Cuerda del Pozo, donde podrían disfrutar aquellos que gusten de meterse dentro de un barquito que flota, se zarandea y provoca mareos.



CALATAZAÑOR Y EL NACIMIENTO DEL RÍO ABIÓN

Calatañazor es un pequeño pueblo a mitad de camino entre Soria y El Burgo de Osma. El adjetivo que mejor podría definir Calatañazor se disputa entre cuquísimo y pimpollísimo. Se trata de una fortaleza medieval de origen árabe excelentemente conservada.

El pueblo ocupa lo que ocupa su única calle: un camino empedrado con una pendiente que persuade a los coches de meter la segunda marcha. Esta calle está engalanada a la usanza medieval, flanqueada por tiendas de productos típicos de la región -a destacar la miel, orgulloso producto de la localidad-, restaurantes donde se come a las mil maravillas, una iglesia y dos ermitas románicas. En lo alto del pueblo, los restos de una vieja torre dominan el paisaje y, cómo no, un frontón que no sé qué pinta allí.

A las afueras de Calatañazor se encuentra un magnífico sabinar, el más grande de la península ibérica, cuya tamaño y simple presencia sorprende a edafólogos y estudiosos de la ecología, pues no es corriente tal masa de sabinas en estas latitudes. El sabinar se encuentra rodeado de pinares y un bosque mediterráneo, donde predomina la encina. Es un sitio curioso pero no merece parada, así que seguimos hacia delante.

Sentarse a comer un bocadillo de jamón, acompañado de una fría lata de Mahou, en los alrededores del nacimiento del río Abión debería ser una obligación. Siguiendo la carretera que nos condujo a Calatañazor, a pocos kilómetros, nos encontramos con el nacimiento de dicho río. Para llegar habrá que dejar el coche y andar alrededor de dos kilómetros. Merece la pena. El Abión surge de la llamada Fuentona, un paraje de pinares y árboles de ribera donde brota espontáneamente el río, a partir de una laguna de unos 15 metros de diámetro. Les podría hablar de surgencia kárstica, pero en Artesonado odian la pedantería técnica. Los canales que distribuyen el agua hasta la Fuentona son decenas de cuevas llenas de agua, que conforman una de las cavidades sumergidas más profundas de Europa; ahí es nada.



LA CIUDAD DE SORIA Y NUMANCIA

Soria. La olvidada capital castellana. La pequeña. La humilde. La que no sirve tapita con la consumición en los bares. Todas estas afirmaciones son triste e injustamente ciertas, excepto la última bajo matización: En Soria sí que ponen tapas, pero tienen ustedes que pedirla. No sean vergonzosos, orgullosos visitantes, pidan la tapa que se la darán.

La ciudad de Soria está ordenada bajo el influjo medieval. Las iglesias románicas suelen ser puntos interesantes a visitar, destacando: San Juan de Rabanera, Santo Domingo, el claustro de la concatedral de San Pedro y el formidable claustro de San Juan de Duero. Pero no lo es menos el estadio de fútbol de Los Pajaritos, fortín del C.D. Numancia, un amasijo amarillo donde azota un frío en el intermedio de los partidos que asusta.

La calle del Collado, peatonal ella, es un claro ejemplo del carácter tranquilo de Soria. Un paseo rodeado de bares y tiendas, que comunica el parque de la Alameda con la plaza mayor, a través del casco antiguo. Al sureste de la ciudad el Parque del Castillo se asoma al río Duero. El paseo de San Prudencio, al final de este parque, es un buen lugar para coger la mano de la persona amada y decir cosas del tipo: “Ay que ver, Margarita, cómo te quiero. Te quiero a base de bien”, o “José Luís, llenas mi vida, y de qué manera”.

A siete kilómetros de Soria nos encontramos con Garray, a la sombra de la vieja ciudad de Numancia. El nombre del pueblo de Garray (de Garaldi, en euskera, hoguera), nos resume el fin de Numancia, que murió bajo las llamas. Podemos contemplar aquí los restos de la maravillosa y extinta ciudad y continuar la ruta que nos llevará por pueblos que conservan restos arqueológicos todavía más antiguos: los de los dinosaurios que poblaron esta región hace millones de años.



CAÑÓN DEL RÍO LOBOS

El Parque Natural del Cañón del río Lobos está situado entre las provincias de Burgos y Soria. Para iniciar la ruta desde Soria, deberemos llegar hasta El Burgo de Osma, tomar la carretera que va hacia Barcebalejo (no dejen de visitar mi cocina) y continuar hasta Ucero.

El cañón del río Lobos es un agreste desfiladero de 25 kilómetros que sigue el curso de la erosión del río. Su visita es más que recomendable, como también lo es que escojan un calzado cómodo. La caminata será, si se quiere aprovechar decentemente, de por lo menos 10 kilómetros. Durante la travesía estarán rodeados principalmente de enebros, encinas y sabinas, y la única edificación que encontrarán será la ermita de San Bartolomé (a los 3 kilómetros). Se trata de una edificación templaria que luce muy bien rodeada de la muralla de piedra que es el cañón. A partir de este punto el camino se estrechará y comenzarán los paisajes más increíbles de todo el Parque Natural.

A lo largo del cañón seguro que encuentran decenas de buitres leonados, que completan un enclave imposible de no fotografiar a cada 20 pasos que avancen. Si tienen suerte también podrán encontrar halcones y búhos reales. Éstos últimos, por cierto, jamás son sorprendidos leyendo libros a través de gafas redondas. Todo lo contrario: el búho real es famoso por su agresividad.



MEDINACELI

Medinaceli es la vieja y seca ciudad que domina desde lo alto toda la región sur de la provincia. Subida en un cerro, es visible desde 20 kilómetros. Sus estrechísimas callejuelas fueron testigo de los años en los que esta ciudad hacía de frontera entre moros y cristianos. A destacar su enorme Plaza Mayor, la Colegiata y cómo no, el impresionante castillo.

En definitiva: Soria, provincia muy recomendable de visitar, no muy sugerente a primera vista, pero que esconde paisajes increíbles, gente abierta que reparte simpatía, calóricos menús que suscitarán siestas, y fiestas donde lo normal es quedarse con un recuerdo borroso de haberlo pasado fantásticamente bien.


Guía de Soria redactada por Airos.



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