VILNIUS, ¿PASO?

He ahí la cuestión que intentará esclarecer la guía de viajes de Willy Fog, siempre al servicio del viajero ahíto de corrección política.

Empecemos situándonos en la coordenada espacio-temporal: Vilnius, capital de ¿Estonia, Letonia o Lituania? Ay, ay, ay, tantos años viendo Eurovisión y aún se me confunden... La respuesta correcta es Lituania, el más meridional de los tres Países Bálticos, regurgitados por la URSS tras su definitiva y descomposición intestinal en 1990. Limita al este con Bielorrusia y al oeste con Polonia y comparte con ellos su clima tropical. Es un destino al que uno sólo va de paso, como el ave, de otro modo, la verdad, no se explica. Si no me cree, vaya en invierno y ya verá como la experiencia le deja frío. Si es usted de los que va tachando capitales de la Unión de su lista de ciudadano europeo responsable vaya, pero en ese caso sea un turista serio y evite el verano. Con el sol hasta las tantas, los lituanos se transforman y, francamente, haría usted el viaje para, total, llevarse la imagen equivocada. La ciudad también muta y se vuelve espitosa y vivaracha.

Un alcalde, presumiblemente enamorado, tuvo la idea de ajardinar las márgenes del río Vilnia con los siguientes mensajes escritos con flores: “AS TAEV MYLIU” (te quiero), y en la opuesta “IR AS TAVE” (y yo a ti). La gente enseña sus níveas mollas por doquier, y prácticamente va uno chocándose con los festivales de música y de danza, especialmente en 2009, en que Vilnius es capital europea de la cultura. Por cierto, que como los demás Países Bálticos, celebran dos días de la independencia: el 16 de febrero de Rusia y Alemania, y el 11 de marzo de la Unión Soviética.




Pero, volviendo a la auténtica Vilnius, realmente su interés es limitado, sobre todo si se la compara con otras bellezas del norte, como Estocolmo o San Petersburgo. Vilnius es una capital más del estilo insustancial e intrascendente de Helsinki o Luxemburgo, para qué engañarles.

Pero no todo en Vilnius es pasto de la crítica viajera. Tranquila es uno de los epítetos positivos que pueden aplicarse a esta ciudad, y es que a pesar de que los lituanos tienen medio coche per capita, que es muchísimo, hay poco tráfico, y se puede pasear por las silenciosas calles adoquinadas así a lo baturro: por el medio. Entonces, ¿por qué el país está a la cabeza en accidentes de tráfico? Pues por qué va ser: por el vodka, problema éste de dimensiones nacionales. En descargo de nuestros amigos lituanos, hay que decir que no beben por vicio, sino por el frío que despide la no lejana tundra y el suelo permafrost. No se considera extremo alcanzar temperaturas de por ejemplo -16 C durante el interminable invierno. Cuando llegan a los -40 C ya se permiten los lituanos más dicharacheros algún comentario sobre el tiempo; de otro modo son gente de pocas palabras. Pero algo tendrán que decir porque, curiosamente, en Lituania hay más teléfonos móviles (4 millones) que habitantes (3,5 millones). Cosas de la libre competencia, que hace este servicio baratísimo e incluso gratis.

Cuando hablan, lo hacen naturalmente en lituano, la lengua más antigua de Europa. No es cierto que sea difícil, sobre todo si se sabe sánscrito. Por ejemplo: baras es bar, klubas es club, notaras es notario, policija es policía y gero apetito! es esa ordinariez de ¡buen provecho! Además, sólo tiene doce vocales (a a e e e i i y o u u u¯). Sin embargo los números son infinitos.

La historia se ha pasado la vida saltando a la comba con la frontera de Lituania. Constantemente invadidos ora por Polonia, ora por Rusia en sus diversas denominaciones, estos grandes supervivientes tienen en los genes la reserva, la prudencia y el recato. Pero se esponjan si uno se interesa por ellos y sus vidas, y al amor de unos vodkas y unos arenques ahumados, ya verá qué historias tan sorprendentes y peliculeras cuentan de la época soviética: que si veraneos en Siberia (pagaban el doble) en el sector de la construcción de casas prefabricadas, que si giras folklóricas por los países del Este, que si celebraciones secretas de la Navidad, que si espionaje ciudadano y otras emocionantes e increíbles aventuras. Si es usted guionista no dude en explotar este filón de vivencias en otra película tipo Bye Bye Lenin. Los lituanos son amigos de verdad encantadores.
El 80% de los habitantes son lituanos y el resto polacos y rusos. También hay muchos lituanos en Irlanda, como queda patente en las votaciones de Eurovisión. Es digno de reseñarse que los 3,5 millones de lituanos sean todos árbitros de baloncesto colegiados, pasión nacional



LA ARQUITECTURA

La arquitectura de Vilnius digna de verse puede dividirse esencialmente en dos grupos: la ciudad antigua y los barrios soviéticos, estos últimos para los amigos de la historia contemporánea a todo color. Arrancados ya los monumentos a Lenin que proliferaban como otoñales setas, ahora sólo quedan en pie los bloques prefabricados en gris con toques rojos y amarillos para animar al proletariado, pero esto se lo pueden saltar los estetas. Otras obras maestras de esta época se encuentran en la larguísima avenida de los Voluntarios (antigua avenida del Ejército Rojo).

Si se queda en el centro no le llevará mucho tiempo visitar a pie la universidad y el palacio presidencial. La seguridad ciudadana es elevada, como prueba el hecho de que la verja del palacio presidencial está atada con un mero candado de bici. Hay infinitas iglesias de tanto interés arquitectónico como sociológico, pues están bastante concurridas aun entre semana. Y es que a los lituanos sólo les ganan en fervor religioso sus vecinos polacos. La catedral de San Estanislao y San Vladislao, desmesurado merengue de estilo neoclásico fallero, celebra de hecho dos fechas conmemorativas de su consagración: la original y la reconsagración tras la época soviética, cuando la iglesia fue convertida en una especie de salón de actos. La torre, que está totalmente separada de la basílica, era originalmente defensiva y más tarde fue reciclada a campanario.

Al salir de la catedral trepe por la colina de Gedimino y visite el castillo alto. Está casi totalmente rehecho, pero desde allí podrá contemplar el monumento de las tres cruces, el bosque en la ciudad y los tejados de la ciudad vieja. Los tonos rococó de los edificios, entre los que predomina el blanco, el amarillo y el rosa y las exóticas cúpulas de cebolla podrían saltar las lágrimas a los más sensibles.

Enfrente de la catedral, se extiende la avenida Gedimino, que viene a ser como los Champs Élisées de Vilnius. Gedimino fue el único rey rey de la historia de Lituania. Los niños lituanos siempre sacan excelentes notas en historia.



GASTRONOMÍA

Los restaurantes tradicionales lituanos cultivan un estilo que podría denominarse rústico chic, y suelen estar decorados con aperos antiguos como si fueran granjas, cobertizos o cabañas. El plato típico es el zepelín, pelota ovalada a base de masa de patata rellena de carne picada, cuajada o champiñones, laboriosísima de hacer. A pesar de los numerosos congresos científicos dedicados al zepelín, no se logrado disipar la duda de si el resultado merece tanto esfuerzo.

Antiguamente era un plato festivo, y también se preparaba en época de grandes trabajos físicos porque un solo zepelín da calorías para todo el invierno. Una experiencia muy recomendable son las sopas servidas dentro del pan, que hace de recipiente con su tapa y todo. La etiqueta lituana tampoco permite chupar el plato pero sí comérselo. Una perversión rayana en lo delictivo es, sin embargo, la gira, un líquido fermentado no alcohólico a base de pan cuyo sólo aspecto y aroma produce un imprevisto lavado de estómago en cualquier persona normalmente constituida. También hay salmón y anguila a porrillo y ahumados. Y aunque es totalmente desconocido, el chocolate lituano negro no está nada mal. Es muy recomendable por su atmósfera el restaurante CILI KAIMAS (Vokieciu 8), cerca del ayuntamiento. En la misma calle pueden comer también en el ZEMAICIU SMUKLE.



TRAKAI

A 30 km de Vilnius está Trakai, antigua capital del país, aunque sólo por 5 años. Por aquí también se ven minorías de tártaros, famosos por sus salsas, y de karaítas. Ignore los bloques de viviendas y las casitas de madera en avanzado estado de descomposición y acuda directamente a la atracción de la localidad: el castillo. Casi totalmente reconstruido por los soviéticos en los años 60 sobre unas ruinas del siglo XIV, se encuentra en una península entre 6 lagos, y es inolvidable acceder a él andando sobre las aguas heladas en invierno. Allí podrá ver a los locales haciendo agujeros en el hielo, sin guantes ni nada, para pescar como si posaran para National Geographic. Es curioso, pero a pesar de los 6 lagos, nada menos que la estación de bomberos de Trakai se incendió.



COMPRAS

Pueeeeees … lo mejor es que vaya al centro comercial Europa, donde hay de todo menos clientes. Aproveche que aquí no hay colas. El cambio de régimen y la crisis ha dejado a toda una generación tirada entre los dos sistemas: sin la protección del anterior y sin los beneficios del segundo. Pagar la calefacción es la parte del león del sueldo medio lituano y poco más les queda para gastar. En el centro hay mercaditos tradicionales al aire libre, incluso a bajo 0. Ellos querrán venderle ámbar y lino, pero yo les recomiendo como souvenir la ropa de esquí. Aunque el país es llano y boscoso, tienen muchas tiendas de esquí porque van a Polonia. También abundan los souvenirs rusos, como matrioshkas y prendas militares, pero aproveche como le digo y ya si eso acérquese a Rusia. A día de hoy hay que pagar con litas, pero ya cualquier día ponen el euro.

Conclusión: Es una capital pasable, es decir, por la que se puede pasar o de la que se puede pasar. Ni usted bisbo notará la diferencia.


Guía de Vilnius redactada por Willy Fog.



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